Mi nombre es Karen Gisela Moreno G., soy
Ing. Biotecnóloga de profesión y desde hace ya varios años doy clases en NS del
IPN, en materias relacionadas con el campo de la biotecnología en diferentes
ámbitos: alimentos, farmacéutico, ambiental, etc. Durante ese tiempo, con el ir
y venir de diferentes alumnos en la UA “Biotecnología de Cultivos celulares”,
asignatura que he impartido de forma casi ininterrumpida desde 2010, han salido
a la luz diferentes necesidades o problemáticas, que se repiten continuamente
en las diferentes generaciones. Aquí, resumidas las más frecuentes durante el
tiempo que he impartido clase a los alumnos de la Carrera de Ingeniería
Farmacéutica de 4º Nivel en la UPIBI.
EN LA
COMUNICACIÓN…
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1.
No manejamos
el mismo lenguaje
Frecuentemente encuentro que,
mientras imparto mi clase, al dar instrucciones, explicar problemas, etc.,
quedan huecos que generan malentendidos entere los alumnos debido a que
desconocen muchos de los términos con los que hablo. No hablamos de terminología
rimbombante, palabras domingueras o arcaísmos intelectualoides. Palabras
simples como “venia”, “foliar”, “verbigracia”, “facineroso”, son de
significado desconocido para los alumnos. No así barbarismos como “ola ke
hace” o “expulsación”. El principal problema no es que desconozcan las
palabras y su significado, sino que tampoco preguntan o indagan qué quiere
decir y sólo se limitan a lo que creen que puede ser. Por ejemplo, el que
dijo “pues como dijo foliar, yo numeré las hojas” (sic).
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2.
No dominan el
lenguaje y la terminología “profesional”
Muchos recordamos cierto comercial
de un mecánico chafa que decía “le falla la espiroqueta de la chafaldrana”, o
la multifacética“el ese de la d´esa”. Términos que no revisten problema
cuando de plática coloquial se trata, pero que si tienen diferentes
implicaciones cuando un “Casi ingeniero” dice “la cosita esa del frasquito”
porque no puede referirse al septo de la salida de aire de un reactor. Lo
mismo lo dice en una discusión de resultados, en una presentación oral que en
un trabajo escrito. Total que, parece casi analfabeta cuando se refiere a
diferentes conceptos de su campo de acción profesional. Y a no digamos cuando “copian y pegan” o
“recitan” algún texto técnico o científico que en todo difiere de su forma de
expresión personal y por lo tanto son incapaces de explicarlo si se les
requiere.
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3.
Usan un mismo
lenguaje para todo.
Sobre todo en esta época, donde la
inmediatez de la comunicación con la tecnología disponible y las redes
sociales basadas en internet limitan la comunicación a caracteres o
nanosegundos entre la difusión de mensajes, muchos de los alumnos trasladan al
ámbito académico ese lenguaje casi críptico que suelen usar en Facebook,
Whatsapp, etc., para comunicarse con sus pares o en general para socializar
(fuera de la escuela). De forma que en una exposición alguien puede decir “En
la gráfica vemos que la tendencia sube y así” mientras sus diapositivas
pueden contener emoticones, abreviaturas sólo conocidas por el o los autores.
O bien consideran aceptable expresar en una tarea su parecer personal con acrónimos
“altisonantes”. Si, ya me encontré en una tarea un “ALV”.
4.
No les gusta
leer y no hay comprensión de la lectura
En los exámenes diagnósticos o
durante el encuadre del curso, es una constante que los alumnos dicen “no me
gusta leer” o “leo pero solo lo que me interesa” refiriéndose a que los
textos técnicos o científicos no se encuentran en sus favoritos. Otro punto
es que el idioma inglés, en el que se encuentra mucha de la información, no
es de su dominio y por o tanto la lectura es más difícil de realizar y además
poco comprendida. Aunque, aún en las
lecturas en español, también es constante la deficiencia en la comprensión de
las lecturas, tales como localizar las ideas principales, reorganizar la
información o seleccionarla, integrarla con la información de clase, etc.,
también es un punto perfectible.
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EN EL TRABAJO
COLABORATIVO…
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1.
Socialización
y “cooperación” superan la colaboración
Es de todos sabido que el trabajo
en equipo es una constante en diferentes UA. Sin embargo, aún con tiempo
suficiente y conocimiento de causa sobre tiempos y formas de entrega, los
equipos de trabajo que arman los alumnos suelen operar en el sentido
fragmentario del trabajo en equipo, limitándose a repartir retazos de las
actividades, para luego juntarlas (generalmente hay un encargado de “Juntar
todo”) en las horas previas (donde “previo” aplica a la madrugada del día de
entrega).
En esta actividad han implicado
también el uso de sus redes sociales, principalmente Facebook, donde hacen
grupos destinados “originalmente” a las actividades de la asignatura que se
trate. Ya de entrada el “ambiente” elegido para trabajar es proclive más a la
socialización (reviso mis mensajes, las notificaciones, los memes, quién está
conectado, etc.) y, como no hay reglas establecidas en cuanto a limitaciones
de tiempo para cumplir las actividades establecidas, horas de reunión, quién
debe supervisar o revisar lo elaborado, etc. termina cada quién haciendo lo
que mejor considera, incluso ignorar a los compañeros y la tarea a cumplir.
¿Quién no ha escuchado el “nos dejó en visto y no hizo nada”?
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2.
No hay
equidad en el trabajo
Relacionado con el punto anterior,
es común que alguien toma la batuta para dividir las actividades,
generalmente tomando en cuenta quién hará qué según la responsabilidad,
capacidades y recursos que haya demostrado. Así por ejemplo, quienes tienen
un mayor nivel de conocimientos y/o
responsabilidad absorben la mayor parte del trabajo, dejándole actividades
menos significativas a quienes menos hacen
o en quienes menos pueden confiar (“yo hago la discusión de resultados
y el tratamiento de datos, “Sutano” imprime la práctica y “Perengano” compra
el folder porque no tiene computadora ni impresora”). ¿Resultado? Alumnos que
siempre están agotados y además están enojados y/o frustrados porque no
reciben a poyo de los compañeros, tampoco logran hacer trabajos de calidad y
además se sienten (o se saben) utilizados.
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3.
No se comunican
oportuna ni pertinentemente
Relacionado con el punto anterior,
frecuentemente les es difícil a los alumnos, por cosas tales como los lazos
sociales o afectivos, separar las cuestiones personales y el trabajo
académico, dando como resultados, además de deficiencias sobre quién, cómo y
qué va a hacer cada uno, negociar sobre las posibilidades y responsabilidades
de cada uno. Por ejemplo, el alumno súper dedicado, pero también arrogante,
que no cree que sus compañeros tengan la capacidad para hacer un análisis de
resultados, decide tomar la parte más pesada del trabajo y también impone a
los demás sus responsabilidades, y por ejemplo decide que imprima el reporte
quién tiene más dificultades económicas, pero como “casi no hace nada” es lo “justo”
para que sea incluido en el trabajo. Los otros avalan la imposición y el
afectado cree ya no tener opción y decide “pagar” su lugar en el trabajo. O
bien otra situación muchas veces presente es aquel alumno que por cuestiones
médicas no pudo asistir a clases, cumplir con su parte y tampoco notificar a
nadie. Cuando se incorpora a sus actividades ya se entera que ha sido
relegado o eliminado de sus equipos de trabajo porque “se desapareció sin
avisarle a nadie” y, ya sea que se aclare el asunto o no, ya es tarde para
que reconsideren la decisión de “sacarlo” porque no entrego nada y nadie supo
que le pasó (pero tampoco nadie indagó).
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EN LA EVALUACIÓN…
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1.
Hay poco
interés en la evaluación diagnóstica
El diagnóstico es una herramienta
al inicio de cada curso, al ayudarnos a fijar la línea de partida de los
alumnos y contextualizar su situación escolar, al menos de forma general:
cuál es su situación académica, qué estilos de aprendizaje tienen, qué
interés despierta la materia, si ya cursaron los antecedentes requeridos,
etc. Sin embargo, como la evaluación diagnóstica no tiene un valor para ellos
tangible en forma de calificación, es frecuente que, si la contestan, sea con
respuestas superficiales, no verídicas o en general de poco aporte para
diagnosticar al grupo.
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2.
Hace falta
retroalimentación para corregir errores
Típico que el tiempo nos consume
en cada periodo parcial y, a pesar de revisar los trabajos y actividades
hechas por los alumnos, no estamos a tiempo de devolverlos con las
observaciones hechas, para hacerlas de su conocimiento y que corrijan esa
falla. Una de las causas, al menos particularmente, es que, además, siendo
los trabajos individuales y teniendo demasiados grupos, tampoco es posible
revisar minuciosa y exhaustivamente cada trabajo y sólo da tiempo de hacer
las observaciones más generales.
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3.
La
coevaluación como venganza o revancha o solapamiento
Si bien una de las facetas de la
evaluación es trabajar en que los propios alumnos evalúen su trabajo y el de
sus pares, ésta última generalmente es difícil de implementar, entre otras
cosas, debido a la cultura de sólo sacar una aprobatoria (y alta)
calificación. De forma que, cuando se les pide por ejemplo, a quienes exponen
un tema, evaluar el aprendizaje que lograron sus compañeros, la atención
puesta a su trabajo, etc., la evaluación resulta en una serie de preguntas
banales y de poco significado o de extrema sencillez, evitando así el desquite
posterior por “perjudicar” a los compañeros y salir bien librado también con
el profesor (porque si todos aprueban mi evaluación entonces mi exposición estuvo
bien).
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